Strickland amenaza con pelear con Jake Paul y reabre la brecha salarial de la UFC
El campeón de peso medio dijo que está harto, comparó su bolsa con los 30 millones de McGregor y habló de subir a 205 para cumplir su contrato. Detrás hay una negociación trabada y una cifra incómoda: los peleadores de UFC reciben cerca del 17 % de los ingresos; en el boxeo rondan dos tercios.
Sean Strickland, campeón de peso medio de la UFC, publicó que está harto. En un mensaje en redes dijo que, si las cosas no cambian con la promotora, está considerando subir a las 205 libras, cumplir su contrato con un nocaut y pelear con Jake Paul. La frase que explica el enojo es la comparación: sostiene que Conor McGregor cobra 30 millones de dólares por pelear 30 segundos y que a ellos no les quieren pagar ni una fracción de eso.
El mensaje no llega en el vacío. Strickland no tiene fecha para su primera defensa desde que recuperó el cinturón, y la negociación está trabada por dinero: según distintos reportes, el campeón pide un millón de dólares y la UFC ofrece 800.000 repartidos en 400.000 por presentarse y 400.000 por ganar. Ninguna de las dos cifras tiene confirmación oficial.
No es un arrebato: es una campaña de meses
Lo de ahora es el último episodio de una seguidilla que empezó a principios de año:
Febrero de 2026. Antes de pelear con Anthony Hernandez, calificó el esquema de pagos de la UFC como depredador y le restó valor al aumento de los bonos de la noche, que pasaron de 50.000 a 100.000 dólares.
Julio de 2026. En el programa de Shawn Ryan describió los contratos de entrada: 10.000 dólares por presentarse y 10.000 por ganar. Dijo que al perdedor le quedan entre 7.000 y 8.000 después de comisiones e impuestos.
Añadió que el peleador que se lesiona y no compite no cobra nada.
Rechazó la versión de Dana White de que los sueldos subieron con el acuerdo con Paramount.
El patrón es claro y es deliberado: Strickland negocia en público y usa el cinturón como palanca. Lo llamativo es que le está funcionando de una forma rara. Nassourdine Imavov ofreció 500.000 dólares de su propio bolsillo para forzar una pelea de título en enero y pidió que le quiten el cinturón si la negociación sigue parada. Khamzat Chimaev, a quien Strickland venció por decisión dividida en el UFC 328, subió la apuesta a un millón por la revancha.
Los números que sostienen el reclamo no son suyos: salieron de los tribunales. Documentos internos de la UFC que se hicieron públicos en el litigio antimonopolio muestran que entre 2012 y 2016 los peleadores recibieron entre el 16 % y el 20 % de los ingresos de la empresa, y esa cifra incluye bolsas, patrocinios y regalías. Estimaciones posteriores la ubican alrededor del 17 %, y el analista John Nash calculó entre 13 % y 14,5 % para 2022. En las grandes ligas deportivas de Estados Unidos el reparto ronda el 50 %.
El boxeo juega otro deporte en esto. El economista Andrew Zimbalist estimó que las promotoras de boxeo reparten en promedio un 66,6 % de los ingresos, y documentos judiciales ubican a los boxeadores en cerca de dos tercios. Algunos promotores han dicho públicamente que el 70 % es habitual y que con figuras grandes pasa del 80 %. El dato que más incomoda no es ese: Bellator repartía cerca del 45 % y Strikeforce, antes de que la compraran, llegaba al 63 %. No es que las MMA paguen poco. Es la UFC.
El dato que Strickland usó, revisado
Los 30 millones por 30 segundos no se pueden verificar. La UFC no publica las bolsas de la mayoría de sus eventos, y el regreso de McGregor en julio ante Max Holloway duró 69 segundos sin que se conociera cuánto cobró. El único pago de 30 millones documentado en su carrera es otro: lo que declaró ante la comisión de Nevada por boxear con Floyd Mayweather en 2017. Es decir, la cifra que enfurece a Strickland salió del boxeo, no de la UFC. Su ejemplo prueba su argumento mejor de lo que él mismo planteó.
Lo que ya decidieron los tribunales
La discusión dejó de ser solo retórica. La UFC pagó 375 millones de dólares para cerrar la demanda antimonopolio Le contra Zuffa, aprobada en febrero de 2025, que cubre a los peleadores que compitieron entre diciembre de 2010 y junio de 2017. Hasta el 31 de marzo de 2026 se habían repartido 237,4 millones entre 984 peleadores, con 104 todavía esperando. Y quedan dos casos abiertos: Johnson contra Zuffa, por el período posterior a julio de 2017, y Davis contra Zuffa, que no pide dinero sino cambios en los contratos y al que un juez le dio vía libre el 31 de marzo.
Para medir la distancia entre el discurso y la planilla hay ejemplos más cercanos. Luis Hernández ganó 100.000 dólares en la UFC y dijo que su trabajo de policía le paga más. En el UFC 331 se publicaron las bolsas oficiales y faltaba justamente el dato de Chito Vera. Strickland pide un millón y le ofrecen 800.000: está discutiendo por el techo de una pirámide cuya base cobra 10.000.