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Dana White sobre Ian Garry: "Tenías cinco minutos para sorprender al mundo y no lo hiciste"

El presidente de la UFC repasó en el pódcast The Diary of a CEO el quinto asalto del irlandés ante Makhachev y dijo que no mostró instinto asesino. En la misma entrevista contó que bloquea a todos los periodistas de MMA y tasó a la UFC en 50.000 millones.

Kevin Moreno ·

Dana White habló durante casi hora y media en The Diary of a CEO, el pódcast de Steven Bartlett, y la conversación se fue muy lejos de la jaula: la infancia con un padre alcohólico, el libro que su madre publicó sobre él sin permiso, el día que dejó un empleo seguro a los 19 años y la boda a la que casi no va y que terminó dándole la UFC.

La parte que más pesa en lo deportivo fue sobre Ian Machado Garry. White repasó el quinto asalto del irlandés ante Islam Makhachev: dijo que había hecho un trabajo excelente durante cuatro asaltos, que el campeón llegaba castigado, y que el retador era el más joven, el más grande y el de mayor alcance. En vez de salir a buscarlo, salió a darle la mano.

“Si lo tiene, no lo demostró”

“Tienes cinco minutos para sorprender al mundo… y no lo hiciste”, resumió. Preguntado por si eso significa que Garry no tiene instinto asesino, dijo que no lo sabe, que es un tipo correcto, pero que ese no era el momento de serlo: “Si lo tiene, no lo demostró”. El reproche llega mientras el irlandés reclama una pelea con Michael Morales que el ecuatoriano descartó.

Los números y el método

White recordó que la UFC se compró por 2 millones de dólares y la comparó con los Lakers: si la franquicia de la NBA se vendió por 12.500 millones, dijo, la UFC vale 50.000 millones. Nadie la ha tasado así: es su cuenta. Y puso a sus competidores en otro lado: ya no son otras promotoras, sino la NFL, la MLB, la NHL y la NBA.

Sobre cómo se construyó eso, dio tres piezas: el emparejamiento de peleas, la producción del evento en vivo y la producción televisiva. Dijo que el boxeo se convirtió en “una liquidación por cierre”, con promotores que agarraban todo el dinero que podían y salían corriendo, y que por eso las cadenas y los patrocinadores se fueron. Hay una cuarta pieza que no quiso dar: las tres cosas en las que se concentra cada día. “Es parte de la fórmula”, repitió dos veces.

Reconoció una sola habilidad propia: elegir a la gente. Contó que durante la pandemia no despidió a nadie, que hacía videollamadas semanales con todos sus empleados ofreciéndoles comprarles comida o papel higiénico, y que su trabajo como director ejecutivo era inventar cómo ganar dinero sin tocar la nómina. “Nunca voy a elegir el dinero por encima de la gente”.

La parte que no es negocio

También contó la otra mitad. Que su padre lo llevó borracho al cine a ver Beverly Hills Cop y, al no encontrar asiento, gritó que iban a tener que mover gente. Que por eso dejó de beber a los 21. Que a los 19 renunció a un empleo con sueldo fijo, seguro médico y plan de retiro porque no soportaba que le dijeran qué hacer. Que a su hijo menor lo mandó a trabajar a una mudanzas antes de dejarlo montar una empresa.

Que su madre publicó un libro no autorizado sobre él, con fotos de su boda, y que ese fue el final de la relación; murió sin que él ni su hermana le hablaran. Que la ha perdonado, pero que no va a programas a hablar mal de ella. Que no recuerda la última vez que lloró. Y que a los 50 un especialista le dijo que le quedaban diez años de vida: doce semanas después, dice, la apnea del sueño había desaparecido.

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